«Una croqueta es el camino más corto a la felicidad»
«La felicidad tiene forma de croqueta»
Dichos coloquiales
Las croquetas son bastante más antiguas de lo que se piensa, ya que la primera receta es de 1691, aunque eran totalmente distintas a las que ahora conocemos; estaban formadas por un picadillo formado por carne, huevo, trufa y algunas hierbas.
A mediados del siglo XIX ya había recetas en español para hacer croquetas de ave, conejo, ternera, cangrejos, salmón, merluza, langosta y patata. Algunas se hacían a lo antiguo, con un simple picadillo, y otras con bechamel en plan moderno. En 1866 ya aparecen dos de las más tradicionales: las de bacalao y las de jamón.
Croquetas hay para todos los gustos, de jamón, de cocido, de pollo, de bacalao, de setas y de cualquier ingrediente que se os pueda ocurrir porque con cualquiera que se elija, el resultado es una delicia.
Aunque ya había publicado unas croquetas de jamón, la primera fue allá por el año 2008, ya han pasado unos cuantos años ¡verdad! hoy vuelvo a hacerlo pero con algunas pequeñas variaciones. Nunca salen iguales y también estoy convencido de que aunque se utilicen los mismos ingredientes e idénticas cantidades el resultado no es siempre el mismo. Y eso ocurre especialmente con las croquetas. Nunca te salen iguales, pero siempre se acaban. Señal de que están deliciosas. A ver que os parecen estas.

80 gr de harina
20 gr de maicena
2 huevos
pan rallado
nuez moscada
perejil
aceite de oliva virgen extra
sal
Calentamos la leche y reservamos.
Forramos una fuente con papel film.
Mezclamos la harina y la maicena y reservamos.
Pelamos la cebolla y la picamos muy fina.
A fuego suave vamos removiendo la masa hasta que se despega de las paredes de la sartén.
Volcamos sobre la fuente, extendemos la masa, cubrimos con papel film para evitar que se forme costra y dejamos enfriar. Introducimos en el frigorífico.
Cuando vayamos a cocinarlas, sacamos del frigorífico.
Batimos los huevos y salamos.
Formamos las croquetas, pasamos por huevo batido y a continuación por pan rallado y freímos por tandas en una sartén con aceite caliente.
Sé que habréis hecho infinidad de croquetas, en mis circunstancias actuales hago todas las semanas a petición de los comensales y aunque un tanto laboriosas el resultado final merece el trabajo realizado y la satisfacción de que, al acabarlas, pidan repetir. ¡Qué más se puede pedir!








